martes, 12 de junio de 2018

Nocturno...

(Poema original by  Manuel Acuña, Mejicano)
Pues bien, yo necesito
decirte que te adoro,
decirte que te quiero
con todo el corazón;
que es mucho lo que sufro
y mucho lo que lloro,
que ya no puedo tanto,
y al grito que te imploro,
te imploro y te hablo en nombre 
de mi ultima ilusión.

Yo quiero que tu sepas
que ya hace muchos días
estoy enfermo y pálido 
de tanto no dormir;
que ya se ha muerto todas
las esperanzas mías,
que están mis noches negras,
tan negras y sombrías,
que ya no sé ni en dónde
se alzaba el porvenir.

De noche, cuando pongo
mis sienes en la almohada
y hacia otro mundo quiero
mi espíritu volver,
camino mucho, mucho,
y al fin de la jornada 
las formas de mi madre
se pierden en la nada
y tú de nuevo vuelves 
en mi alma a aparecer.

Comprendo que tus besos
jamás han de ser míos,
comprendo que en tus ojos
no me he de ver jamás
y te amo y en mis locos
y ardientes desvarío 
bendigo tus desdenes,
adoro tus desvíos,
y en vez de amarte menos,
te quiero mucho más.

A veces pienso en darte 
mi eterna despedida,
borrarte en mis recuerdos 
y hundirte en mi pasión;
más si es en vano todo
y el alma no te olvida,
¿Qué quieres tú que yo haga
pedazo de mi vida,
qué quieres tú que ya haga
con este corazón?

Y luego que ya estaba
concluido tu santuario,
tu lampara encendida,
tu velo en el altar,
el sol de la mañana 
detrás del campanario,
chispeando las antorchas,
humeando el incensario
y abierta allá a lo lejos
la puerta del hogar...

¡Qué hermoso hubiera sido
vivir bajo aquel techo,
los dos unidos siempre
y amándonos los dos;
tú siempre enamorada,
yo siempre satisfecho,
los dos una sola alma,
los dos un solo pecho,
y en medio de nosotros,
mi madre como un Dios!

¡Figúrate qué hermosas
las horas de esa vida!
¡Qué dulce y bello el viaje
por una tierra así!
Y yo soñaba en eso,
el alma estremecida,
pensaba yo en ser bueno
por ti, no más, por ti.

¡Bien sabe Dios que ésa era
mi más hermoso sueño,
mi afán y mi esperanza,
mi dicha y mi placer;
bien sabe Dios que en nada
cifraba yo mi empeño,
sino en amarte mucho
bajo el hogar risueño
que me envolvió en sus besos
cuando me vió nacer!

Esa era mi esperanza...,
más ya que a sus fulgores 
se opone el hondo abismo
que existe entre los dos,
¡Hola,
amor de mis amores,
la luz de mis tinieblas,
la esencia de mis flores,
mi lira de poeta,
mi juventud, HOLA!